lunes, 8 de abril de 2013

La musicoterapia consiste en la aplicación científica del sonido, la música y el movimiento para facilitar la comunicación, promover la expresión individual y favorecer la integración social. A nivel de estimulación temprana, su uso se está extendiendo dentro de los programas educativos para facilitar el aprendizaje en los niños. ¿Quieres saber cómo? Los programas diseñados para el uso de la música en musicoterapia estimulan determinadas zonas del cuerpo humano que ayudan a equilibrar funciones orgánicas o psicológicas concretas. Es recomendable trabajar esta disciplina de una manera interdisciplinar, trabajar en equipo el musicoterapeuta y los otros profesionales conjuntamente. Beneficios de la musicoterapia Todo lo que es música, para un niño, siempre es positivo. Pero debemos tener en cuenta que ésta debe ser siempre adaptada a sus oídos, a su capacidad de escucha; a su edad. A un niño, la musicoterapia le puede ir muy bien para mejorar el aprendizaje, la coordinación, controlar la ansiedad y mejorar el estado de ánimo, entre otros. Pero, sobre todo para ayudarle a organizarse a nivel interno. La influencia de la música es mucho mayor de lo que creemos. Cuanto antes se exponga la música al niño más beneficios le aportará, sea como terapia o sea como uso lúdico. De hecho, el uso de canciones para enseñar habilidades académicas, sociales y motoras a niños pequeños se ha convertido en una práctica común para algunos profesores y educadores de música y, por supuesto, para muchos musicoterapeutas de los Estados Unidos. Hay muchos estudios que demuestran que la música y sus componentes producen patrones de actividad eléctrica cerebral. Esto lleva a una mayor eficacia a nivel del funcionamiento del cerebro no sólo como rector de los procesos cognitivos sino también como regulador de las funciones vegetativas del organismo. Cuando se aplica a un paciente una de estas disciplinas alternativas, como puede ser la musicoterapia, es porque hay algo en su sistema que no acaba de funcionar, sea en mayor o menor grado, pero suficientemente importante para evitar desencadenar otros problemas de tipo psicológico, social, motriz, fisiológico… A veces, un problema que tiene solución con la musicoterapia, evita otros futuros problemas en el desarrollo tanto del niño como del adulto. La música posee unos valores universales que afectan a todas las personas y que se definen por el ritmo, la armonía, la melodía y el tono. Así, el musicoterapeuta debe descubrir la personalidad musical de cada paciente para seleccionar la música adecuada, porque según su personalidad y su estado, le puede ser más beneficiosa un tipo de música u otro. Efectos de la musicoterapia en los niños Los efectos que tiene la Musicoterapia en los distintos ámbitos son muchos, pero si nos basamos a los que influyen a un niño, son los siguientes: - Fisiología: produce cambios en el ritmo cardiaco y respiratorio, así como en la tensión muscular. - Comunicación: estimula la expresión de los problemas y las inquietudes. - Afectividad: favorece el desarrollo emocional y afectivo. - Sensibilidad: agudiza la percepción auditiva y táctil. - Movimiento: estimula la actividad y mejora la coordinación motriz. - Sociabilidad: fomenta la interrelación social. - Educativas: ayuda en la formación, desarrollo personal y superación de dificultades de aprendizaje. - Psicoterapéuticas: ayuda a resolver problemas psicológicos y a cambiar conductas establecidas. - Médica: apoyo psicológico y físico (puede reducir el dolor) a pacientes médicos que se enfrentan a situaciones difíciles como la cirugía, enfermedades terminales, cuidados intensivos… - Psiquiátrica: mejora la autoestima y la capacidad de comunicación de los enfermos. Métodos de aplicación Las sesiones se preparan y diseñan según las características del paciente, combinando múltiples factores. Es muy distinto si es un adulto o un niño. El uso de la música para ayudar a niños en el aprendizaje y la memorización del material se basa en su uso como una pauta estructural, en la que la música se hace presente simultáneamente con el material que tiene que ser aprendido. La música se convierte de esta manera en el medio pedagógico para transmitir información, y como vehículo para memorizar palabras y/o acciones. Aunque tenemos referencias del uso de la música en prácticamente todas las culturas de la antigüedad, hasta el ya pasado siglo XX no se fundó la musicoterpia como disciplina concreta. El primer Instituto de Musicoterapia se creó 1942 en Estocolmo (Suecia) y en 1954, Thayer Gaston fue nombrado director de Musicoterapia de la Univeridad de Kansas (EE.UU), creándose entonces el primer título universitario en esta especialidad. Durante esta etapa, Gaston establece los principios generales en los que se basa la musicoterapia actual.
La comunicación y el lenguaje son dos aspectos que se suelen confundir. El niño durante el primer año de vida desarrolla las bases necesarias para la aparición del lenguaje oral, sus primeras palabras. Hasta ese momento el niño ya es capaz de comunicarse con las personas de su entorno aunque aún no hable. Desde que nacen, los niños muestran un especial interés hacia la voz humana y, aunque nos puede dar la impresión de que comprenden lo que les decimos, en realidad lo que entienden son las situaciones en las que se emplean esas palabras. Las primeras etapas del desarrollo del lenguaje son fundamentales y constituyen la base para un correcto desarrollo del lenguaje. Pero esto no quiere decir que no aparezcan dificultades posteriores, ya no sólo en el lenguaje, sino también en su habla (ceceo, rotacismo /r/…), en su comunicación (tartamudez) e incluso en el aprendizaje del lenguaje escrito. Un adecuado desarrollo en las primeras edades facilita la adquisición de habilidades más complejas pero no las garantiza. ¿Qué hacer para fomentar el desarrollo del lenguaje en los niños? Hay que estimular al niño para la actitud verbal desde que nace; hablarle aunque creamos que no nos entiende. No le aturdáis, pero contarle lo que vais a hacer, lo que estáis haciendo, a dónde vais, etc. Hacerle preguntas para que él también hable. Dejar siempre un espacio para que el niño exprese sus deseos, necesidades, sentimientos y pensamientos. Siendo pacientes hacia su dificultad de expresión, que cada vez será más fluida. Cuando le preguntéis algo, dejadle tiempo para que responda. Y cuando le pregunten a él, esperar a que sea él quién conteste. No os adelantéis a su respuesta. Utilizar palabras correctas para designar los objetos, acciones y situaciones. El lenguaje infantil es muy gracioso para los niños, pero no para los adultos. Hablarles en un tono de voz correcto. No se puede pedir a un niño que no grite si los adultos de su alrededor lo hacen. Respetar y hacerle respetar los turnos de palabra. Esto se lo exigimos al niño, pero pocas veces se lo respetamos. No hacer comentarios negativos acerca de su lenguaje delante de él. Ante los enunciados de vuestro hijo, siempre tratar de extenderlos y expandirlos. Ello significa lo siguiente: 1. Expansión sintáctica: él dice “Coche grande” y vosotros le decís: “Sí, es un coche grande”. Es decir, habéis introducido nuevos elementos sintácticos para alargar sus frases e introducir los elementos nexo del lenguaje. 2. Extensión semántica: él dice “Mira, un coche grande” y vosotros le decís: “Sí, es un coche grande y muy bonito”. Así, en este caso, aumentáis el contenido semántico, introducís palabras con significado. Festejar su esfuerzo y felicitarle cuando lo haga bien. Si lo hace mal, no le digáis nada. Sólo le dais el modelo correcto, pero sin que él se vea corregido constantemente. Fomentar en el niño el gusto por la lectura. Seleccionando los libros adecuados a su edad y capacidad lectora. Cuando el todavía no sepa leer, tomarnos un ratito cada noche para leerle un cuento; si no entiende una palabra, hay que explicársela y relacionarla con otras que sí entienda para ir ampliando su vocabulario. El desarrollo del lenguaje por edades La edad de aparición de las primeras palabras puede variar de unos niños a otros, aunque en general se producen en torno al primer año de vida. También es importante tener en cuenta que el desarrollo del lenguaje suele ser más rápido en las niñas que en los niños. En general, si observamos que nuestro hijo tiene un lenguaje como de un niño seis meses más pequeño, esto puede ser un indicio de que algo no va bien. Es entonces cuando debemos consultar a un profesional que valore si es necesario realizar un tratamiento de estimulación del lenguaje, con el fin de prevenir posteriores alteraciones en el desarrollo del mismo. • Los recién nacidos se comunican exclusivamente a través del llanto. Poco a poco, éste irá modulándose para manifestar diferentes estados de ánimo que los padres podrán identificar según el tono. • A partir de los 3 meses aparece un incipiente balbuceo que son sus primeros intentos de una posterior articulación de la palabra. Sus sonidos son guturales y labiales; y va escuchando su propia voz e incluso repite algunos sonidos. • A partir de los 6 meses el niño sustituye los lloros por gorgojos y gritos. Se distrae mucho escuchando los sonidos que él mismo produce. Algunos empiezan a articular alguna sílaba como “pa”, “ma” o algún diptongo. A estas edades el lenguaje es un juego fonético funcional, semejante al juego manipulativo y con él va dominando el aparato de fonación como condición primera e indispensable para la aparición del lenguaje. • Al finalizar el primer año, utiliza los sonidos para conseguir una respuesta de su entorno; pero, son más bien una conducta imitativa de los adultos que la representación de palabras concretas. Poco a poco van comprendiendo cada vez más palabras. El adulto al dirigirse a un niño de esta edad va cambiando el tono de voz: de enfado, de broma, con afecto… El pequeño les imita y así va adquiriendo un valor representativo de lo que escucha. • Hacia el año y medio ya es capaz de tener 10 ó 12 palabras. Es la etapa de un lenguaje particular del niño, una jerga difícil de entender para los adultos y que le acompaña en casi toda su actividad. Es en esta época cuando utilizan la “palabra-frase”: una palabra quiere decir muchas cosas o expresar múltiples deseos o necesidades. • A partir de los 2 años con un pensamiento simbólico incipiente, va ampliando rápidamente su vocabulario y empieza a comprender el significado de muchas palabras; además comienza a hacer frases de 2 ó 3 palabras y con los verbos siempre en presente. Todavía no tienen clara la idea de su identidad frente a los que le rodea y utiliza su nombre para designarse, hablando de sí mismo en tercera persona. • Al llegar a los 3 años, el avance ha sido vertiginoso. Nos encontramos con el típico charlatán que no para de hablar, presentando en su lenguaje un matiz egocéntrico. Todo lo pregunta, le cuesta respetar el turno de palabra con los demás, no le importa lo que los demás le cuentan e intenta ser el centro de atención mientras habla. Es curioso que a esta edad el niño acompaña la acción, el juego, siempre con la palabra; tiene que expresar el pensamiento. A los 3 ó 4 años, el número de palabras ha aumentado hasta llegar aproximadamente a las 1000. Utiliza el “yo” para nombrarse, los pronombres personales, los adjetivos, los verbos, el plural y el singular. Su capacidad retentiva va en aumento, es capaz de adquirir nuevo vocabulario y de memorizar canciones, poesías, adivinanzas… Aprendizaje de otros idiomas En caso de estar ante varios idiomas es necesario no entremezclarlos, es decir que en cada situación se utilice uno. No es adecuado que el padre hable al niño en francés, inglés y español a la vez; deben ayudarle a contextualizar cada idioma. Que cada padre hable en uno de los idiomas ayuda en el aprendizaje, lo mismo que en casa pueden hablar en uno, en el colegio en otro y con los abuelos o con un profesor en otro.