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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Primeros resfriados

Con el inicio del curso, aparecen los primeros resfriados de la temporada, y los primeros síntomas de gripe en los niños. Te ofrecemos algunos sencillos consejos para reducir la propagación de infecciones en colegios y guarderías.


Los niños que van al colegio o a la guardería tienen el doble de posibilidades de enfermar que los niños que se quedan en casa. De hecho, normalmente, cogen de seis a nueve infecciones al año, el 90% de las cuales están causadas por virus.
Las manos son el vehículo principal para la propagación de las infecciones. Por eso, es importante mantenerlas limpias, siguiendo unos hábitos de higiene correctos. Conozcamos, de la mano de Tork, algunos simples consejos para mejorar la salud de los niños en guarderías y colegios:




-Enseña al niño a lavarse las manos con agua y jabón durante, al menos, 20 segundos.
-Haz que tu hijo se lave las manos antes de cada comida y después de haber ido al baño.
-Enseña al pequeño a secarse bien las manos. Las manos mojadas favorecen la propagación de virus y bacterias mucho más que unas manos bien secas.
-Utiliza toallitas de papel desechables en lugar de toallas de felpa para secarle las manos.
-Enseña al niño a estornudar en la parte interior del codo o, aún mejor, en un pañuelo de papel desechable. La mayoría de los niños estornudan directamente en el aire o en sus manos, lo que facilita la propagación de los virus.
-Enseña a tu hijo a no meterse el dedo en la nariz, en la boca o a frotarse los ojos, ya que éstas son formas de introducir las infecciones en el cuerpo.
-Asegúrate de que las habitaciones están bien ventiladas.
-Trata de que el niño pase el mayor tiempo posible al aire libre. El hecho de estar durante muchas horas en un espacio cerrado junto con otros niños aumenta las posibilidades de contagio.
-Lava los juguetes con frecuencia, ya que los niños tienen la costumbre de metérselos en la boca.
-Utiliza desinfectante de manos, sobre todo, durante el pico de infecciones.

lunes, 16 de mayo de 2011

Aprender a reciclar



A partir de los tres años, los niños pueden ir aprendiendo a reciclar los residuos en casa. Te proponemos juegos y actividades para enseñar a tus hijos a reciclar de una forma divertida. Y recuerda: el ejemplo de los padres es fundamental.


La UNESCO declaró el 17 de mayo Día Mundial del Reciclaje, pero todos los días son buenos para intentar mejorar este hábito en familia. Reciclar los residuos es una responsabilidad que tenemos todos con nuestro planeta, y parece que nos lo tomamos cada vez más en serio: el 82% de los españoles aseguran que separan los envases de plástico, latas y briks en el contenedor amarillo, según el Informe Monitor sobre Separación y Reciclaje de Residuos 2009 de Ecoembes. Transmitir este hábito a los niños es fundamental para desarrollar su conciencia ecologista.
Según este estudio, las mujeres están más concienciadas que los hombres (el 84% de ellas recicla, frente al 82% de ellos). Además, los mayores de 45 años son los que más reciclan: el 86% reciclan los envases ligeros en su casa, seguido del 84% de los entrevistados de entre 34 y 44 años y del 79% de los menores de 35 años.
Las razones que aduce ese 13% que no recicla son variadas: el 24% explica que “no disponemos de espacio”, el 19% alega que “el contenedor está muy lejos” y el 17% reconoce que “no tengo costumbre”.
Aquí van algunos juegos para que nuestros hijos vayan desarrollando hábitos ecologistas y valores de respeto a la naturaleza desde pequeñitos.
Juegos y actividades para enseñar a los niños a reciclar y reutilizar
Para enseñar a nuestros hijos a reciclar de una forma divertida podemos mostrarles cómo separar los residuos a través de juegos:


· Dibuja con los niños los cuatro tipos de contenedores que hay según el material reciclado: papel y cartón (azul), vidrio (verde), plástico latas y bricks (amarillo) y residuos orgánicos (naranja). Los contenedores se pueden recortar y pegar en un azulejo de la cocina. Alrededor de cada uno de ellos, los niños pueden pegar los objetos que previamente han dibujado y recortado y que pertenecen a cada contenedor: un periódico viejo en el azul, una botella de cristal en el verde, un cartón de leche en el amarillo o la raspa de un pescado en el naranja.
· Los calcetines viejos son geniales para hacer caballos y serpientes. Hay que rellenarlos de telas inservibles (ropa rota que no se puede donar) o de papel de periódico. La cara se les hace con un rotulador, o recortando los ojos y la boca en cartulina y pegándolos después.
· Con cajas de embalaje o de cartón que hayan venido del supermercado o de comprar zapatos se pueden construir circuitos laberínticos o pequeñas casitas. Pintar, recortar figuras y pegarlas... las posibilidades son infinitas cuando un niño le echa imaginación.
· Con botellas de plástico podemos fabricar un juego de bolos. Necesitaremos varias del mismo tamaño. La bola se construye con el papel de plata de envolver los bocadillos.
· Con las cajas de las porciones de queso podemos fabricar un juego de chapas gigante. Si las decoramos con pinturas de dedos tendremos un bonito resultado.
· Podemos fabricar un palo de lluvia con una botella de plástico rellena de piedrecitas. Podemos pintarla después para que no se vea el interior.
· Dos envases de yogur rellenos de piedrecitas con otros dos encima pegados se pueden convertir en unas maracas.

martes, 5 de abril de 2011

Charla: Educación para la salud. Día 12 de abril 13 horas.


Hola de nuevo, comenzamos este mes de abril con nuevas charlas enfocadas a aprender más sobre la salud de nuestros hijos. Hemos invitado a una enfermera que ha trabajado en el Distrito Sanitario Córdoba, en varios centros de salud y con amplia experiencia en temas infantiles. Empezaremos la primera charla el día 12 de abril a las 13 horas, se impartirá en el aula matinal. Creemos que esta hora es mejor que las 15:30, ya que por la tarde apenas quedan niños en la guardería y es más díficil acudir a esa hora y más cuando hace calor.


La charla irá enfocada sobre las "Enfermedades más comunes entre los 0 a 3 años". Se repartirá un breve folleto explicativo de los temas tratados y cómo prevenir las distintas enfermedades y contagios.


Posteriormente se hará otra sobre "Primeros auxilios". También podeís sugerir temas que os preocupen sobre alguna enfermedad y se pueden dar en otras sesiones.


En fin, creo que será de provecho todo lo que aprendamos. Espero ver muchos padres y madres. Hay que invitar a todos los que veamos a la entrada y salida de la guardería.

jueves, 24 de marzo de 2011

¿Cuál es me mejor momento para quitar el pañal?

Quitar el pañal
Tras su segundo cumpleaños puedes empezar a pensar en habituar a tu hijo a controlar el pis y la caca. El secreto del éxito en este proceso radica en la paciencia. No debes imponérselo. Él decide cuándo dejar el pañal y obligarle no sirve de nada.
Muchas consultas de los padres tienen que ver con el control de los esfínteres: sus retrasos, sus complicaciones, sus retrocesos, sus dificultades... Y las respuestas de nuestros expertos aconsejan casi siempre lo mismo: paciencia, tranquilidad, tolerancia, no apresurarse, no presionar, evitar la tensión, tiempo al tiempo... Sobre todo, paciencia.
Hay tres razones equivocadas por las que los padres nos empeñamos en abandonar el panal antes de tiempo:
· Primera, la incomodidad que supone y lo costoso que resulta comprar tantos pañales.
· Segunda, las odiosas comparaciones con el niño del vecino o de la cuñada, olvidando que cada uno tiene su ritmo particular.
· Tercera, desconocer que el control de las necesidades fisiológicas no se puede imponer. Es una consecuencia natural de la maduración del niño, algo que llega cuando tiene que llegar.

Cada cosa a su tiempo
La diferencia de ritmo en el control del pis y la caca entre unos niños y otros es aún mayor que en empezar a caminar. Pero el deseado control llega. De forma aproximada se puede aventurar que:
· Alrededor del segundo cumpleaños suele lograrse el control de la caca.
· El control del pis diurno se consigue entre los dos años y medio y los tres.
· El pis nocturno puede seguir escapándose hasta los tres o tres y medio.
· Uno de cada cinco niños aún necesitan pañales por las noches en el cuarto cumpleaños.
· Solo si llegan a los cinco años sin lograr el control (hablamos de descontrol frecuente, no de algún escape ocasional), cabe que exista un trastorno.

Sin coacciones
Abandonar los pañales no ha de ser una decisión de los padres, sino del propio niño. Se le puede estimular, pero a de vivirlo como una conquista personal, no como una imposición.

¿Cuál es el mejor momento para empezar?
· Cuando comienza a tener noción del tiempo, es decir, a distinguir entre "ahora y «después". Así podrá avisar a tiempo cuando quiera ir al baño.
· Cuando empieza a nombrar sus excrementos como "pis" y "caca".
· Si muestra incomodidad cuando está mojado, le molesta el pañal, quiere quitárselo o nos avisa para que le cambiemos.

Cómo empezar
Podemos comenzar preguntándole: "¿Quieres que te quitemos los pañales y hacer pis y caca en el orinal, ahora que ya eres más grande?". Lo de "grande", si se lo decimos, debe sonar a estímulo, no a chantaje. Si contesta que sí, estupendo. Si se niega, es mejor dejarlo para más adelante.
¿Por qué tantas precauciones? A esta edad el niño empieza a afirmarse como persona, y lo hace a menudo a través del "no quiero". Por eso conviene buscar, para empezar este entrenamiento, los momentos en los que nuestro hijo esté de buen humor y en buena sintonía con nosotros.
No conviene mostrar un interés excesivo en la retirada del pañal. El niño, que depende para todo de los mayores, siente que este es uno de los pocos terrenos en que puede hacer su santa voluntad. Su cuerpo es suyo y lo vacía cuando quiere. Si no está a buenas con nosotros, la ocasión es magnífica para llevarnos la contraria en algo que él controla y que, por lo visto, nos interesa tanto.

Los temidos escapes
· Puede ocurrir que nuestro hijo haya dado su consentimiento pero siga teniendo "escapes". Es lo más normal y no hay que contrariarse, reñirle ni ridiculizarle. Es más, si esos escapes son continuos, le podemos volver a poner los pañales una temporada.
· Hay niños que pasan por una etapa en la que, sin controlar aún del todo, se niegan a ponerse pañal para salir a la calle, porque se sienten mayores. Hará falta paciencia y diplomacia, y a lo mejor hay que restringir las salidas unos días.
· No quieren el orinal, se van a un rincón... Algunos padres ven puesta a prueba su paciencia cuando su hijo da por liquidado el pañal pero aún no tolera el orinal ni el inodoro. A veces, hay que dejarle que lisa y llanamente se lo haga encima. De verdad que el pobre no tiene otra salida.
· Son días difíciles para ellos, pero serán breves si rodeamos de amor a nuestro hijo y sabemos transmitirle nuestro cariño incondicional.

martes, 22 de marzo de 2011

Chucherías y golosinas

¿Qué son las chucherías?
Los hábitos alimentarios de la infancia y de la adolescencia se caracterizan por el abuso en el consumo de chucherías o “chuches”, expresión coloquial con la que aludimos a un conjunto de productos dulces y salados, de formas y sabores diversos, de escaso o nulo interés nutricional y que se toman a cualquier hora del día.
Para este fin de “comer entre horas” o “picotear” se pueden emplear diversos grupos de alimentos con distintas características nutricionales, tales como:


• Golosinas y dulces (caramelos, gominolas, chicles,...): en su composición predominan los azúcares y las grasas, además de los aditivos.
• Chocolates (bombones, huevos de pascua,...): cacao y azúcar, además de leche, manteca y grasas. Cuando a estas barritas de chocolate y galleta se asocian frutos secos y caramelo (“snacks”) su contenido calórico se dispara.
• Aperitivos (Patatas fritas, cortezas, frutos secos,...): grasas y aceites con elevado valor calórico y exceso de sal.
• Batidos, yogures y helados: leche y aditivos, en el mejor de los casos.
• Zumos: pocas calorías, bastante azúcar y mucha vitamina C... pero siempre es mejor la fruta entera (fibra).
• Bollos y galletas: hidratos de carbono y grasas (la mayoría de coco o animales, que son grasas saturadas, es decir las que empeoran el colesterol sanguíneo).


Los tres primeros grupos son los que más se ajustan al concepto de “chuches”, siendo los más empleados por los niños españoles (en esto también influyen las costumbres).
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¿Se deben considerar alimentos?
Claro que sí. El diccionario de la Real Academia Española define chuchería como “alimento corto y ligero, generalmente apetitoso”, mientras que golosina como “manjar delicado, generalmente dulce, que sirve más para el gusto que para el sustento” o “cosa más agradable que útil”. Son pues “alimentos vacíos”, calóricos pero con escaso valor nutritivo.
Se deben cuantificar y tener en cuenta al realizar la encuesta dietética del niño. Valgan como ejemplos que una bolsa de patatas fritas pequeña de 44 g tiene 250 calorías, una barrita de chocolate con galleta de 21 g tiene 110, 100 g de gominolas 360, ó 100 g de cacahuete pelado más de 600 calorías.
¿Pueden ser perjudiciales?
Su abuso puede tener consecuencias no deseables, favoreciendo:

Inapetencia: el tomar a voluntad, sin ningún control, este tipo de productos provoca falta de apetito cuando llega el momento de la comida convencional. Sus calorías vacías provocan la saciedad suficiente.
Caries: son en su mayoría azúcares refinados que favorecen el desarrollo de los microorganismos que atacan la placa dentaria. No es posible mantener la necesaria higiene dental cuando se están consumiendo estos productos en cualquier momento del día.
Alergia: los aditivos dan color, sabor y aroma que contribuyen a potenciar su atractivo. Algunos pueden ser acumulables favoreciendo reacciones y erupciones en la piel (urticarias o brotes de dermatitis atópica) o incluso asma (colorantes azoicos).
Obesidad: Son productos hipercalóricos. Si la cantidad de azúcares ingerida sobrepasa los límites de almacenamiento, el exceso de glucosa en sangre se transforma en grasa en el tejido adiposo. Además la instauración del hábito del consumo de tentempiés sobre una ingesta diaria de calorías que ya es apropiada, producirá un aumento de peso. Cada día es más frecuente ver en
nuestras consultas la evolución de preescolares “que no comen” hacia escolares obesos, al coexistir una dieta “al gusto y sin horarios” con un aumento del sedentarismo (deberes, televisión, videoconsolas, etc.). Debe evitarse especialmente el creciente hábito de ver la televisión comiendo simultáneamente algún tipo de chuchería.
Atragantamientos: Probablemente es la urgencia con riesgo vital más frecuente en la infancia... con el agravante de que muchas veces es evitable. La comida es un acto que requiere su atención, evitando distracciones: se debe procurar que el niño no corra, ría, llore o hable con comida en la boca. Los frutos secos no se ofrecerán a menores de 4 años.

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¿Se deben prohibir?

No, los niños deben hacer cosas de niños (sobre todo si sus amiguitos las comen). Aunque resulte paradójico, pueden ser una buena excusa para “reforzarle” buenos hábitos sobre los que poder realizar excepciones. Incluso pueden ser útiles para incentivar el autocontrol del niño. Es mejor el “por haberte portado bien, este fin de semana puedes tomar 2 chicles sin azúcar”, que el “si no lloras en el médico te doy un chupa-chups”: el niño hará mal las cosas para que el padre “venga a negociar”. Es preferible que los “refuerzos positivos” sean indirectos y por acciones pasadas.

Entonces, ¿cómo y cuándo tomarlas?


Se deben pactar un número de golosinas máximo a la semana. No es conveniente que todos los días se tomen: debe haber “días sin chuches” (la mayoría) y “días con chuches” dentro de la semana, para que el niño comprenda que son excepciones justificadas (un cumpleaños, fin de
semana, etc.).
Procure diversificarlas (no todas las “chuches” son nutricionalmente iguales) y distribuirlas para evitar sobrecargas puntuales de azúcares. Si puede elegir, mejor las que pesan menos: con el mismo volumen o cantidad (es lo que percibe el niño) ingerirá menos calorías.
Evite el “picoteo continuo”: Se deben agrupar y tomarlas “como postre” de una de las comidas. Mejor sentados a la mesa, evitando atragantamientos.
Y siempre después un buen cepillado dental.
Y RECUERDE: NINGÚN NIÑO MENOR DE 4 AÑOS DEBE TOMAR FRUTOS SECOS.


Esta sección ha sido elaborada por Jesús Mª Pascual Pérez y Cristina De Hoyos López, pediatras,
y revisada por el equipo de webmasters
Web de la AEPap (Asociación Española de Pediatría.-Atención primaria)

jueves, 10 de marzo de 2011

Comportamiento alimentario ¿Por qué comemos así?

El ser humano comparte con el resto de seres vivos la necesidad de nutrirse, pero su consumo alimentario está condicionado por muchos otros aspectos.

Con frecuencia, el ser humano realiza el acto alimentario de forma poco consciente, sin darse cuenta de los factores que determinan una conducta alimentaria concreta. No obstante, conviene tener presente y reflexionar acerca de todos los elementos que definen el comportamiento alimentario. En esencia, en la determinación de éste intervienen dos grandes grupos de elementos:
1) El primero está vinculado a una serie de necesidades biológicas, tanto de energía como de nutrientes.
2) El segundo mantiene una relación estrecha con el placer que reporta comer determinados alimentos de una forma específica.
En cuanto a este último aspecto, tanto los hábitos alimentarios como la gastronomía (entendida como el arte de realizar determinadas preparaciones culinarias) perfilan a grandes rasgos la forma en que una sociedad conduce su alimentación y, por tanto, su nivel de satisfacción, en la medida que cubre sus expectativas.

Los hábitos alimentarios
Los hábitos alimentarios están condicionados por una gran variedad de factores geográficos, socioculturales y económicos, entre otros. La disponibilidad de un determinado alimento circunscrito a una región facilita la tradición en su consumo. Se entiende así que en regiones costeras el consumo de pescado sea más frecuente que en regiones del interior e, incluso, que las recetas varíen en función de la posibilidad de poder cocinar con ingredientes frescos o conservados al estilo tradicional (salazón, salmuera, ahumado, desecado). Las particularidades del clima, la orografía y el tipo de tierra, entre otros factores, son elementos que han condicionado la disponibilidad de alimentos concretos en una determinada región y, por tanto, su consumo.
La vida precisa nutrientes
Muchas de las moléculas y sustancias indispensables para el buen funcionamiento de un organismo las puede sintetizar el propio organismo, pero otras no. Del mismo modo que la gasolina sería la fuente de energía de un coche y el aceite del motor, el refrigerante, en el caso del ser humano, los elementos indispensables que permiten el buen funcionamiento del organismo se obtienen tras la ingesta de una alimentación variada y diversificada. Es la manera de proveer de elementos imprescindibles como vitaminas, minerales, aminoácidos esenciales y ácidos grasos esenciales, sin los cuales es imposible mantener un estado de salud adecuado.

El organismo no puede sintetizar los nutrientes esenciales a partir de otras moléculas, sino que precisa incorporarlos a través de los alimentos
La ausencia o el déficit de alguno de estos nutrientes derivará en una enfermedad carencial característica: escorbuto (vitamina C), beriberi (vitamina B1), anemia (hierro, ácido fólico) u osteoporosis (calcio), entre otras.
Las distintas especies animales y vegetales tienen necesidades nutricionales diferentes. De esta forma, se entiende que lo esencial para el hombre no siempre lo es para otras especies, y a la inversa. El ácido ascórbico o vitamina C es un nutriente esencial para el hombre, pero no lo es para otras especies animales que conservan la capacidad de síntesis endógena de esta sustancia.

UN SINFÍN DE CONDICIONANTES DE LA SALUD
Las características que definen un determinado comportamiento alimentario están perfiladas por un sinfín de elementos. Muchos de ellos pueden ser más o menos identificables por su evidencia, pero otros tantos pueden pasar desapercibidos a simple vista. No es de extrañar que con frecuencia algunos estudios científicos pongan de manifiesto circunstancias que en principio son poco palpables, pero que condicionan en gran medida el resultado de un determinado estilo alimentario y, por ende, influyen en la salud.

Comer acompañado o no, el carácter de esta compañía, el entorno más o menos ruidoso, con música o sin ella, comer mientras se ve la televisión, la presentación de la comida en el plato y, en general, el entorno, condicionan la forma de comer y la salud del comensal a largo plazo.

martes, 15 de febrero de 2011

Propósitos para comer bien

Los doce meses del año son la excusa perfecta para iniciar un valioso cambio en la manera de comer, de forma que durante el año se experimente una mejora sustancial en la salud física y mental

La primera semana del año después de las festividades navideñas puede dedicarse a tomar conciencia del modo en que cada persona se ha sentido en un plano físico y mental durante el año anterior. El decaimiento, el cansancio excesivo no correspondido con la actividad realizada o los catarros, enfriamientos e infecciones recurrentes, son indicadores que evidencian un estado nutricional deficiente. Elaborar un diario de los alimentos ayuda a identificar qué se come con frecuencia, cuándo, cuánta cantidad y cuáles son los motivos que llevan al desorden alimentario. Para ello conviene ser fiel y anotar qué se come durante una semana, siempre que represente los hábitos alimentarios. Puede ser el punto de inflexión para comenzar a aplicar pequeños cambios dietéticos que, al final del año, se convertirán en grandes resultados.

Cuatro propuestas de cambio ineludibles:

La revisión del peso a comienzos de año dará cuenta de los excesos: tanto los recientes como los mantenidos durante más tiempo. Es un dato que interesa para completar el examen médico-dietético, al que se sumará una analítica simple de sangre y orina. Conviene realizar ésta unas semanas después de las festividades, una vez que se ha recuperado la costumbre en el menú, e informará de algún parámetro bioquímico alterado (niveles de glucosa, colesterol total, LDL colesterol, HDL colesterol, triglicéridos, ácido úrico, hierro...).
Un año es tiempo suficiente para aplicar numerosos pequeños cambios dietéticos, si se toma conciencia de la mejora física y emocional que se experimentará al llevarlos a cabo. Los doce nuevos meses sirven de excusa para plantear otras tantas propuestas que se convierten en doce propósitos o motivos de cambio en cuestión de hábitos dietéticos.

Primer propósito: identificar el origen del exceso de azúcares.
El exceso de azúcar puede ser uno de los malos hábitos alimentarios que se cometan. Cabe analizar el conjunto de la dieta para identificar alimentos azucarados de consumo habitual, desde la bollería y repostería en desayunos, almuerzos y meriendas, hasta los postres en comidas y cenas y las bebidas dulces, como refrescos y zumos, o con miel. Los productos con sabores distintos (salados, ácidos), pero que contienen azúcar "enmascarado" entre sus ingredientes (determinadas salsas y conservas) como corrector de la acidez o saborizante, son otro producto en qué fijarse. Algunas personas, incluso, tendrán que ser comedidas con las frutas, fuente natural de fructosa -un azúcar-, si se exceden de las 3 raciones diarias o de los 400 gramos de frutas y hortalizas que se estiman como ración saludable.

Segundo objetivo: dieta libre de grasas trans.
La bollería no es la fuente exclusiva de estas grasas en la dieta. Productos de charcutería, precocinados (pizzas, lasañas o canelones, etcétera) y snacks salados incluyen este tipo de grasa, la más nociva para la salud cardiovascular. Conviene leer con detenimiento las etiquetas y prescindir de los productos con aceites vegetales parcialmente hidrogenados. El aspecto positivo es que cada vez son más las iniciativas empresariales que eligen la mejora de la calidad nutricional de sus productos como medio para el cuidado de la salud del consumidor.

Tercero: más proteína vegetal.
El exceso de proteína animal es uno de los males comunes en la dieta de los países occidentales y una de las causas de descalcificación ósea. Un paso adelante en la mejora de hábitos es aumentar el consumo de proteínas vegetales. Esto se consigue si los días que se comen legumbres se combinan con cereales y se acompaña este plato con una ensalada variada o un plato de verdura de la temporada. Tres ejemplos de menús son: ensalada de puerros, sopa de zanahoria y garbanzos con bacalao; crema de calabaza con nueces y avellanas y arroz con alubias blancas y acelga; ensalada de lentejas y nueces y espaguetis con marisco.

Cuarto: más sabor, menos sal.
Acostumbrarse a aderezar los alimentos y los platos con especias y hierbas aromáticas es una costumbre sana que ayudará a reducir de forma paulatina la adición de sal a los platos. El segundo esfuerzo implicará escoger los productos elaborados con menos cantidad de sal o sodio. Un exceso de sodio (la sal es el condimento que más sodio contiene) altera el funcionamiento de varios órganos y sistemas, como el corazón y el circulatorio, los riñones, el hígado y los huesos.

lunes, 24 de enero de 2011

Probióticos en niños

Cada año, los niños de cualquier edad, igual que los adultos, están expuestos al riesgo de contagio del virus de la gripe durante el periodo que dura la epidemia. Niños, ancianos, mujeres embarazadas y personas enfermas son los grupos más vulnerables. Los más pequeños, en particular quienes acuden a guarderías y a la escuela, son agentes importantes en la diseminación del virus, ya que el mayor nivel de contagio se registra por vía respiratoria. En todos los casos, el refuerzo del sistema de defensas es el método adecuado para hacer frente a la gripe. Además de la selección de alimentos idónea para tal fin, se ha comprobado que el consumo diario durante los meses de invierno de un complemento específico de probióticos supone en los niños una manera segura y efectiva para reducir la duración de los síntomas de la gripe y del resfriado, como la fiebre y la tos.
Probióticos y sistema inmune
En los niños, en particular en los más débiles, al malestar propio de la gripe, como fiebre alta, dolores musculares, anorexia y molestias digestivas (náuseas, vómitos), se pueden sumar complicaciones respiratorias (bronquitis, bronquiolitis), otitis (entre el 20% y el 62% de los niños la sufren), enfermedades pulmonares o convulsiones febriles, que son más graves cuanto menor es el niño.
El buen estado del sistema inmune es fundamental en los menores para que puedan afrontar cualquier proceso infeccioso. Esta situación dependerá, en parte, del tipo de alimentación y nutrición que sigan los pequeños. Nutrientes concretos de los alimentos como las vitaminas C, vitamina A y E, y minerales como el hierro y el selenio hacen su labor respecto al aumento de los anticuerpos y, por tanto, en la actividad inmunológica antiviral y antibactericida. Por otra parte, en los últimos años ha aumentado el interés por el uso de complementos para reforzar la salud inmunitaria. Numerosas investigaciones muestran la capacidad de probióticos específicos (determinadas cepas de bacterias) para modular diversos factores del sistema inmunológico, tanto innatos como adquiridos.
El complemento probiótico es un producto que se comercializa en farmacias, laboratorios de nutrición o tiendas especializadas de dietética. Engloba a una selección específica de microorganismos vivos con efectos orgánicos saludables. La selección de bacterias se realiza de acuerdo a las personas a quienes se destinan, sean niños, adultos o personas con necesidades especiales por cuestiones de salud. En cualquier caso, siempre se ha de entender que es un complemento a la dieta y no un sustituto de algunos alimentos que la componen. El valor añadido de estos complementos se traduce en un menor uso de medicamentos para la tos y el resfriado entre los pequeños y en menos días de faltas a clase a causa de estos trastornos. Algunos estudios confirman, incluso, un menor uso de antibióticos en edades tempranas tras su ingesta durante unos meses, con los consiguientes beneficios como la reducción de las reacciones adversas por el medicamento, los costos y menos riesgo de desarrollo de resistencia a los antimicrobianos.
En una reciente revisión sobre probióticos e inmunidad realizada por investigadores australianos de la Griffith University, el Australian Institute of Sport, la University of Queensland y el Centre of Excellence for Applied Sports Science Research, se informa del papel beneficioso de los probióticos en distintos niveles del sistema inmunológico. El mecanismo de acción de algunos de ellos ("LGG", "Bifidobacterium lactis", "Lactobacillus acidophilus") se relaciona con su capacidad de competir con los microbios patógenos para los sitios de adhesión, aumentar la secreción de mucinas (moco) que inhiben la adhesión de los patógenos, aumentar la concentración de proteínas antimicrobianas (defensinas, mucinas) o modular la permeabilidad de la mucosa gastrointestinal. Este último aspecto es relevante para impedir la entrada de los microbios patógenos y demás tóxicos a la circulación sistémica.

miércoles, 28 de julio de 2010

Estar y sentirse bien

La filosofía oriental enseña que el bienestar reside en la armonía del cuerpo, mente y espíritu. Para lograr esa armonía es fundamental comer de todo, sobre todo, muchas frutas y verduras; practicar ejercicio físico; evitar el estrés; y, a ser posible, tener un ‘hobbie’.

Para saber si tu día a día o tu semana a semana sigue los dictados de una vida saludable te proponemos que lo compruebes, a través de los siguientes puntos del bienestar:

Descansar bien. Tan importante es el sueño como la alimentación. Es mejor que cenes ligero y temprano… evitando las carnes rojas, que hagas la digestión antes de irte a la cama y que no trasnoches. ¡Cuando te despiertes irradiarás energía y vitalidad!

Planifica menús mensuales. No solo te ayudará a mantener una alimentación variada y equilibrada. Sobre todo, y lo más importante, ganarás tiempo para ti. Pensar cada día lo que vas a comer puede consumir muchas energías.

Un poco de ejercicio cada día. Busca el que más te guste: nadar, ir a clase de gimnasia, bailar, hacer yoga. Si no te gustan las clases dirigidas o ir al gimnasio puedes probar con hacer diariamente una caminata a paso firme. Por ejemplo, si evitas el autobús o el metro al salir de trabajar y te vas a casa andando a buen paso ya estás moviendo tu cuerpo y tu corazón.

Aire puro, sol y agua. La naturaleza está a tu favor. El aire libre y la luz del sol alimentan tu energía. La luz solar te llena de energía y alegría además de ayudar a sintetizar la vitamina D, tan necesaria para la salud de tus huesos. El aire libre te da una sensación de plenitud y te induce a respirar mejor y el agua te ayuda a eliminar toxinas, a hidratar la piel, favorece la evacuación y ¡no engorda!.

Mantén una actitud positiva. Algunas situaciones pondrán a prueba tu paciencia. Tómatelo con calma: respira hondo, bebe un poco de agua, cuenta hasta diez y sonríe. Te ayudará a verlo todo un poco más claro.

Haz las comidas en un buen ambiente. Come en una mesa ordenada, dedicándote tu tiempo para disfrutar de los alimentos, masticando a conciencia y procurando tener una conversación amena y constructiva.

Evita los comentarios negativos. Con frecuencia te encontrarás en situaciones en las que se criticarán abiertamente a otras personas que no estén presentes. No entres al trapo y procura mantenerte al margen o, directamente, evítalos. Si el aludido o aludida no están presentes no estarás participando de nada positivo.

Haz amistad con la fibra. Combate el estreñimiento, regula el tránsito intestinal, “barre” el colesterol malo y tiene un gran poder saciante. La encontrarás en verduras, cereales integrales, legumbres…

Tómate tus cinco minutos… ó diez, ó quince para relajarte. Es muy positivo tener un momento al día para estirarse, cerrar los ojos y evitar pensar en nada concreto. Se trata, simplemente,de parar. ¡Verás lo bien que te sienta!

Un capricho de vez en cuando también te lo puedes dar. Puede venir en forma de alguna compra que te guste, como algo de ropa, un viaje relámpago de fin de semana o un dulce. Cuando te des el gusto ¡disfrútalo a tope y evita el sentimiento de culpabilidad!.

martes, 20 de julio de 2010

Alimentación del niño en verano

El verano se presenta para algunos padres, cuyos niños que ya no acuden a la Escuela, como un verdadero problema a la hora de comer. Por ello el plato único resulta ideal para la falta de apetito y al mismo tiempo fomentar la creatividad en la comida, sugiriéndoles un plano combinado y equilibrado.

El niño está desganado e inapetente debido al calor. ¿Se le puede ofrecer un plato único? ¿Cómo asegurarse de que se le está ofreciendo una comida completa?

- Si está bien preparado, el plato único satisface el gusto y las necesidades nutricionales de los niños, sin obligarles a permanecer en la mesa durante mucho tiempo.
Al concentrar la cena en una sola preparación, se suelen controlar mejor las calorías consumidas y se pueden combinar los ingredientes de manera que el equilibrio nutricional quede garantizado.

- Para que el plato único sea completo, es necesario que tenga un perfil nutricional equilibrado. Debe estar compuesto de almidón y proteínas de alto valor, así como contener una cantidad reducida de grasas.

- La pizza, el arroz con guisantes y las ensaladas de pasta son propuestas válidas para los niños después del destete.

- Por otro lado, si al niño no le gusta la fruta, se le puede ofrecer zumos concentrados de fruta, como alternativa.

- Es importante recordar que la carne, el queso, el pescado y los huevos, considerados fuentes de proteínas de valor elevado, también son alimentos ricos en sales y compensan las que se han perdido con el sudor.

viernes, 2 de julio de 2010

Problemas en la visión niños de 3-5 años

Los especialistas siempre aconsejan que los niños se sometan a revisiones oftalmológicas, con el fin de detectar y corregir cualquier posible trastorno ocular.

Las enfermedades de la visión suelen ser bastante frecuentes en los niños. Detectar a tiempo estos trastornos es fundamental. Además, está demostrado que una correcta visión es uno de los factores más importantes para lograr un rendimiento escolar satisfactorio.

A continuación, te presentamos algunas recomendaciones realizadas por un prestigioso Instituto Oftalmológico, encaminadas a proteger y cuidar la visión de los niños en edad escolar:

• Debes revisar periódicamente la visión de tu hijo. Es conveniente que la primera revisión se realice entre los dos y los cuatro y, posteriormente, siempre que se detecte cualquier anomalía en la visión del pequeño.

• En cuanto a la habitación de estudio, es importante que la mesa esté situada frente a una ventana. De esta manera, la visión del niño podrá relajarse mirando a un punto lejano.

• Es preferible que los niños estudien con iluminación natural. En el caso de utilizar luz artificial, se deben evitar las sombras que se proyectan sobre los libros de estudio.

• Si el niño utiliza el ordenador durante largos períodos de tiempo para hacer sus tareas, es importante que realice frecuentes descansos, con el fin de que su vista no sufra el esfuerzo.

• Por último, cuando tus hijos estén viendo la televisión, procura que guarden una distancia prudencial entre sus ojos y la pantalla del televisor.

miércoles, 23 de junio de 2010

Ayuda a tu hijo a comer mejor

Ahora, puedes ayudar a tu hijo a comer mejor de una forma más divertida y sorprendente. Conéctate a www.comeconclara.com y en pocos minutos habrás creado un vídeo personalizado para tu 'peque'.

miércoles, 28 de abril de 2010

Consejos sobre la alimentación

Los 25 consejos sobre alimentación por el Pediatra Carlos González
1 No obligar nunca a comer a un niño. Un adulto puede que se niegue a probar bocado por los dictados de la moda pero a un crío aún no le pesan las normas sociales. Por tanto no se debe insistir en que el niño trague a toda costa.
2 Cuánta cantidad de comida es necesaria. Cada uno de nosotros necesita un aporte calórico distinto, razón por la que la alimentación no puede tomarse como una ciencia exacta. Unos zampan como elefantes mientras otros comen como pajaritos. ¿Por qué entonces se intenta medir a los niños por el mismo rasero? Un niño de año y medio puede que necesite comer la misma cantidad que un bebé de nueve meses.
3 ¿Seguro que no come nada? Para la mayoría de los padres no comer nada significa que su hijo no engulle lo que ellos creen que necesita. Quizá si su medida fuera medio plato en vez de uno repleto hasta el borde cambiaría su percepción.
4 Los que de verdad no comen. Las enfermedades y los celos provocan un rechazo a la comida que suele ser transitorio y una vez solucionado el problema regresa el apetito.
5 El trabajo de mamá. El regreso laboral de mamá origina en ciertos bebés una negativa a alimentarse si no lo hace su madre. Pueden no consumir nada en ocho horas y luego ponerse las botas cuando ella regresa.
6 Un asunto de honor. Los padres, sobre todo las madres, suelen vivir la inapetencia como un agravio personal. Otras consideran un deber atiborrar a su hijo.
7 Culpabilidad. Frustración y un terrible sentimiento de no saber cumplir como lo hicieron con ella, fustigan a muchas madres para quienes la hora de la comida es un calvario.
8 Niños incomprendidos. Imagínese qué pensará su hijo. Él, que sólo cuenta con el cariño de sus padres, de repente se ve atacado por aquellos en quienes confía, que insisten en cebarle cuando ya no le entra más y encima se enfadan y le gritan.
9 La prueba definitiva. Coma en proporción a lo que da a su hijo. Si el niño pesa 10 kilos y engulle un plato, tráguese usted cinco o seis raciones. Seguro que revienta.
10 Pecho “for ever” y a libre demanda. La leche materna es el alimento más completo y nutritivo. Si el niño no pierde peso es conveniente alargar la lactancia hasta el año o los dos años. Siempre sin imposición de horarios, porque él ya lo pedirá cuando lo necesite.
11 Las papillas. Nunca se debe sustituir el pecho por la infundada creencia de que los cereales alimentan más. Cuando los niños ya degustan papillas hay que saber que casi ninguno logra terminarse la medida recomendada porque es simplemente una orientación, no un dictado.
12 Horror a las verduras. El pequeño estómago de los niños admite pequeñas cantidades, o sea,muchas calorías en poco volumen. Las verduras contienen mucha fibra y escasas calorías, por lo que les enguachina pero no les sacia. Apenas unas cucharadas serán suficientes para que le saquen el gusto. (será por eso que les gusta tanto el chocolate?)
13 La papilla de frutas. Con las frutas viene a suceder lo mismo que con las verduras. Si el crío las rechaza pruebe a darle una manzana a mordiscos o una pera en trocitos, por ejemplo. Las recomendaciones y mezclas frutales del pediatra no tienen por qué ir a misa.
14 Respetar el sueño. Algunos padres enchufan a sus hijos el biberón mientras éstos duermen y después se quejan de que no comen cuando están despiertos. ¡Pero si ya se han alimentado!
15 Chucherías prohibidas. Al margen de que el niño coma o no coma, los dulces y las famosas chucherías sólo una vez al año para que no hagan daño. (con esto discrepo!!)
16 La crisis del año. Justo a los 12 meses se frena la velocidad de crecimiento y por tanto no precisan la misma cantidad de alimento. A partir de los cinco años aumentarán el gasto energético y las necesidades.
17 El perceptil. Las gráficas de peso traen fritos a los padres. En cada país se elabora una distinta y nunca coinciden entre ellas. ¿Quiere eso decir que según el lugar del mundo en que pesen a su hijo estará por encima o debajo de la media?
18 Defensas infantiles. Los más pequeños se defienden ante la indigesta ofensiva paterna a base de hacer bola, escupir e incluso vomitar. Nunca se niegan por capricho. Evolutivamente los críos tienden a rechazar los sabores desconocidos por simple supervivencia.
19 Un dragón llamado alergia. La alergia puede provocar la negativa del niño a ingerir ciertos alimentos como la leche, el gluten, el huevo o cualquier otro incompatible con su inmaduro organismo. Por eso es conveniente no obligar a comer.
20 Estimulantes del apetito. Los tónicos estimulantes contienen psicofármacos que actúan sobre el centro cerebral del apetito y su efecto desaparece en cuanto se deja el medicamento. Poco aconsejables salvo excepciones.
21 Cómo introducir los alimentos. A partir de los seis meses se pueden ir probando nuevos sabores con gran precaución y muy lentamente.
22 Estrategias. No guardar la comida para la cena. Ponerle en el plato sólo lo que suela tomar aunque sean tres cucharadas, si tiene hambre pedirá más. Evitar las broncas y los sobornos.
23 Vegetarianos. Cuando los padres son vegetarianos los niños pueden vivir perfectamente con una dieta ovo-lacto-vegetariana.
24 Acostumbrarse a comer de todo. Obligarle a comer un determinado alimento es la mejor forma de lograr que lo odie para el resto de su vida. Si no se le fuerza acabará probándolo.
25 Comer solo. Un niño se puede negar a comer porque quiere meterse él mismo el alimento en la boca y no se lo permiten. Aunque se estire la hora del almuerzo y ponga todo perdido es preferible concederles cierta independencia.
*Texto del libro “Mi niño no me come” del pediatra Carlos González.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Beneficios de la siesta en la infancia

Los niños de uno a tres años reponen fuerzas y mejoran el almacenamiento de la memoria a corto plazo.
La siesta durante la infancia es fundamental, sobre todo en los tres primeros años. En este periodo, el niño adquiere las bases necesarias para aprender de forma adecuada nuevos conocimientos y relacionarse con el mundo que le rodea. Esta pausa ayuda al cerebro a retener la información. Así lo certifican investigadores del Departamento de psicología de la Universidad de Arizona, en EE.UU., que concluyen que las siestas son una parte integral del aprendizaje de los más pequeños. Este trabajo se une a otros que ya destacaban cómo descansar durante el día reactiva y agudiza la mente.


Más allá de curar el cansancio prolongado, el sueño facilita el almacenamiento de la memoria a corto plazo y deja espacio para nueva información. En los niños de uno a tres años, además, una siesta durante el día aumenta las posibilidades de alcanzar un nivel avanzado para discernir lo importante de lo irrelevante. Ésta es una de las conclusiones que se extraen de un trabajo estadounidense presentado en la reciente reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAC), celebrada en San Diego (EE.UU.). Los investigadores analizaron las respuestas (mediante expresiones faciales) de niños de 15 meses de ambos sexos ante frases que habían oído con anterioridad, tras dormir o no unas horas.
Los niños que durmieron una siesta aprendieron una oración o las relaciones entre diferentes frases. Por el contrario, quienes no durmieron, no reconocieron las frases que habían escuchado antes. Los pequeños que dormitaron fueron capaces de generalizar su conocimiento de la estructura de la oración y predecir una nueva frase. Esto sugiere que la siesta favorece el aprendizaje abstracto, es decir, la capacidad de detectar el patrón general de una nueva información (después de una frase, viene otra).
Una hora de siesta despeja la mente y mejora la capacidad de aprendizaje
Si bien es conocida la importancia de estimular a lactantes y niños pequeños mediante la lectura, también es conveniente hablarles y exponerles a un amplio abanico de palabras. Estos estímulos deben llevarse a cabo, según los científicos, en un contexto bien regulado en el ciclo diario. Los investigadores aseguran que su trabajo es la primera demostración de que los niños, como los adultos, necesitan dormir para transformar el conocimiento en pensamientos abstractos.
Reponer fuerzas
Además de estos beneficios neurocognitivos, las siestas proporcionan, al acelerado desarrollo físico e intelectual de los niños en esta etapa, el tiempo de descanso necesario para reponer fuerzas. También ayuda a que los menores no lleguen a estados exagerados de agotamiento y tengan dificultades para dormir por la noche. Se ha confirmado que la siesta en la infancia reduce la hiperactividad y la ansiedad en los niños.
Las horas de sueño se limitan a medida que los pequeños crecen: un recién nacido puede dormir de 16 a 20 horas, que se reducen entre 10 y 13 en la etapa que comprende del año a los tres años. Estas necesidades no deben infravalorarse. La siesta diaria es imprescindible en determinadas franjas horarias. Cuando las horas necesarias no se cubren, los más pequeños pueden mostrar signos evidentes de fatiga o, incluso, problemas más sutiles que afectan al comportamiento y al rendimiento escolar.
Conseguir que el niño duerma
Para que un niño duerma la siesta en su primera infancia, hay que seguir una rutina tanto al acostarse por las noches como al dormir la siesta durante el día. Cuando se detecten señales de sueño (estar inquieto o frotarse los ojos), hay que llevarle a la cama para que sea consciente del acto de ir a dormir y concilie el sueño por él mismo. Generar un ambiente agradable (música suave, cuentos o canciones) puede ayudar.
La siesta no debe convertirse en una batalla, aunque se muestre resistencia a dormir, algo habitual a medida que crecen. Supone la oportunidad de realizar actividades más relajadas, como jugar con tranquilidad en su habitación o leer. Si se establece la rutina adecuada, descansar durante el día no tiene por qué interferir en las horas de sueño nocturnas. Está demostrado que dormir durante la tarde tranquiliza el estado de ánimo de los pequeños y facilita la conciliación del sueño por la noche. Al contrario, la fatiga extrema puede ser contraproducente y sobreexcitar tanto a los niños que, en este caso, la conciliación del sueño puede ser difícil.

MÁS BUENAS RAZONES

Aunque un reciente estudio sobre "Hábitos de lectura de niños y jóvenes de Cataluña", llevado a cabo por el Consell Català del Llibre Infantil i Juvenil, asegura que el descanso después de comer no atrae a los más jóvenes -se sitúa justo por delante de ordenar la habitación, que es la última actividad preferida en un listado de nueve-, la mayoría de las investigaciones certifican los beneficios de la misma: la siesta reactiva y agudiza la mente.
Un trabajo llevado a cabo por la Universidad de Berkeley (EE.UU.), revela que una hora de siesta puede mejorar la inteligencia de las personas, ya que despeja la mente y favorece la capacidad de aprendizaje. Según los investigadores, dormir menos horas aletarga la mente. Una noche de insomnio desciende en casi un 40% la capacidad para retener nuevos datos. Los mismos investigadores ya habían corroborado esta afirmación en estudios anteriores.