jueves, 14 de octubre de 2010

RESUMEN DE LA CHARLA DE RABIETAS DE OCTUBRE-10

Hola a todas las que no pudieron asistir a la charla impartida por el psicólogo este miércoles, os hago un resumen de los puntos que se hablaron, para que también podaís ponerlos en práctica con vuestros hij@s.
Las Rabietas.

No es algo extraño cuando se está en un supermercado, en la calle, o en algún lugar público, oir de repente a un niño llorar de forma descontrolada, patalear, tirarse al suelo, y a su lado a un padre, o a ambos, mirando de forma avergonzada esta forma de comportarse de su hijo, tirándole del brazo, o haciendo esfuerzos para intentar controlar la escena. Siempre se cae en la tentación de pensar “¿qué es lo que he hecho mal?, ¿por qué se porta así?”, y ante la mirada de los extraños sentir casi en voz alta que lo que pueden pensar “ese niño es un maleducado, y la culpa es de los padres”.
Pero ¿qué es una rabieta?, En torno a los 2 años (en ocasiones antes) las rabietas empiezan a convertirse en algo habitual. Los niños, que todavía no saben expresar ni controlar sus emociones, estallan ante todo aquello que va en contra de sus deseos. A todos los que no han vivido esta experiencia de cerca les resulta sorprendente que un padre vaya arrastrando de la mano a su hijo que llora desconsoladamente por la calle.
Las rabietas son estallidos emocionales, una forma natural de comunicarse.
A través de ellas, tu hijo te dice lo que desea. También son una forma de manifestar las dificultades que tiene para controlar su propia conducta y la mayoría de las veces son maneras de llamar tu atención.
Lo normal, aunque te parezca imposible si las estás viviendo, es que las rabietas se pasen, sobre todo si le enseñamos estrategias alternativas de comunicación. Pero ¿qué podemos hacer mientras tanto?

Estrategias de tratamiento previas a la aparición de la rabieta:
1. Poner la casa «a prueba de niños», con objeto de reducir el número de ocasiones en que los padres se ven obligados a decir que «no».

2. Permitir que los niños pequeños realicen pequeñas elecciones frecuentes, todas dentro del terreno de lo aceptable (p. ej., «¿Quieres tomarte la leche en el vaso azul o en el rojo?»).

3. Limitar las frustraciones atendiendo al temperamento del niño y sus ritmos. Los niños activos pueden necesitar correr cada día; los niños que tardan en «calentarse» precisan más tiempo para acostumbrarse a un nuevo ambiente; los niños que tienen hambre cada día a las 5 de la tarde necesitan tomar una merienda antes de cenar.

4. La negativa debe ser irrevocable. Muchos padres dicen «no» cuando realmente quieren decir «me parece que no». Cuando el niño protesta suficientemente, el padre o la madre cede, recompensando con ello la rabieta. Los niños rápidamente distinguen entre los «NOes» duros («No se juega con los cuchillos») y los «NOes» blandos («no hay galletas antes de cenar») y rara vez sufren rabietas a causa de los primeros. Los padres necesitan aprender a elegir sus enfrentamientos cuidadosamente y planearlos para ganar. Ignorar es una manera efectiva de impedir las rabietas o, al menos, de evitar reforzarlas. En algunos casos, sin embargo, dejar a un niño en medio de una rabieta puede hacer que éste se sienta más descontrolado y que suba de tono. Además, cuando los padres empiezan a ignorar las rabietas, éstas pueden intensificarse durante un período de días o semanas antes de empezar a ceder. Las instrucciones específicas a los padres sobre cómo reaccionar pueden ser útiles, por ejemplo: «Sepárese a dos pasos. Continúe haciendo lo que estuviese haciendo. No hable o hable sólo con un tono de voz neutral. Si su hijo está cerca de un objeto duro, mueva al niño o al objeto. No deje que el niño se haga daño o cause daño a nadie».

5. Asegurarse de que las rabietas no amenazan la autoestima como declaraciones humillantes después de la rabieta. Los padres deben hablar de «perder el control» en lugar de «portarse mal» y evitar hablar mucho de la rabieta después.

Sin embargo, una vez que la rabieta estalla debemos seguir una serie de recomendaciones que serán útiles para el manejo de la situación:

1. Recuerda que tú eres el adulto y por lo tanto, debes mantener la calma. Tu hijo no puede, realmente su edad no le permite tener capacidad para dominar sus emociones, pero tú sí. Así que no te pongas a gritar como él, ni entres en su juego. Respira profundamente y convéncete de que no pasa nada.

2. Acéptalo como algo propio de su crecimiento. Tu hijo no es malo ni tú lo estás haciendo mal. Relájate. Decir NO forma parte de su desarrollo y le va a ayudar a fortalecer su identidad y a hacerse más independiente.

3. Siempre que sea posible no le prestes atención. Si está en un entorno protegido, déjale que llore y patalee durante unos minutos.

4. Después, acércate a él e intenta distraerle para calmarle (dale un abrazo, háblale de otra cosa, recuérdale algo que le guste...). A veces no es fácil tranquilizar; sé paciente y espera a que se le vaya pasando.

5. Si se mantiene en su actitud, repite los pasos 3 y 4.
Es fundamental que te olvides de los azotes y de los gritos (sobre todo si lo haces porque tú no puedes controlarte). Educativamente no sirven para nada, y en el caso de las rabietas tan sólo contribuyen a que todos (incluido el niño) os pongáis más nerviosos. Tampoco le digas cosas que no sientes o le castigues con cosas que no puedes cumplir («No irás nunca más al parque»).Los niños más pequeños no tienen capacidad para controlar sus estallidos emocionales y en ocasiones es necesario que el adulto intervenga de una forma más directiva. Ensaya ante un espejo a decir «¡Basta ya!» o «Para» con energía. Utiliza esta expresión cuando tu hijo sea incapaz de parar el llanto. No conseguiremos que el niño deje de llorar de forma instantánea, pero le podemos enseñar a hacerlo si somos constantes con esta instrucción tan precisa. Cuando pare, felicítale por ello y hazle ver que no tiene sentido que se ponga así.
Lo más importante en todo este proceso es que los niños no consigan lo que quieren con ese comportamiento. Déjaselo bien claro aunque sea pequeño y creas que no te entienda. Realmente es complicado no ceder ante un llanto insistente y desesperado, pero darle lo que desea (un caramelo, ver más tiempo la tele, no irse a la cama...) es la mejor manera de conseguir que las rabietas se sigan manteniendo. Y si bien resulta relativamente sencillo controlar las rabietas de los más pequeños, a medida que el niño crece resulta mucho más difícil.

Por otro lado, es esencial que el niño aprenda que no puede conseguir todo cuanto desea, aunque lo pida de forma correcta. Un niño pequeño que llora porque quiere un juguete no puede conseguirlo sólo porque deje de llorar y lo pida por favor. Es cierto que le estamos enseñando a que se muestre educado y le tendremos que reforzar por ello, pero no es suficiente. Nuestros hijos deben saber tolerar pequeñas frustraciones, pues las cosas no salen siempre como deseamos y hay que estar preparado para ello.



Programa de Extinción para rabietas:
1. No hacer caso, de ninguna forma cuando llora o grita para conseguir algo. En cuanto se calme realmente decirle algo para alabarla. Si pide algo que no debe, se le dice que no y si se conforma sin gritar ni llorar darle un premio, caramelos, o cualquier otro premio de este tipo. Darle a entender siempre por qué estáis contentos y le premiáis. Por ejemplo: “mamá te da un caramelo porque te has portado bien”.
2. Ya que está acostumbrada a lograr todo lo que quiere, gritará y chillará todavía más los primeros días. Pero no hay que permitirle que se salga con la suya bajo ningún concepto, ni en ninguna situación.
3. Si intenta otro tipo de cosas, como por ejemplo, romper algo, meterse cosas por la nariz, etc, darle una palmada suave en la mano, decir al mismo tiempo con firmeza “eso no se hace” y quitarle el objeto. No hacer ningún otro comentario.
No olvidar nunca que cuando aplicamos la extinción (es decir, no hacer caso a las rabietas), es normal que al principio se produzca un incremento de las mismas, por lo que será adecuado empezar a aplicar el tratamiento en espacios controlados y que no conlleven ningún riesgo, por ejemplo, en casa, o en su habitación. Una vez superado este incremento que se produce al principio, las rabietas irán disminuyendo paulatinamente si nos mantenemos firmes, y no volvemos a caer en darle todo lo que quiere.

No hay comentarios: